Rocío Luna emociona en Villanueva de los Infantes con un recital flamenco lleno de verdad
La noche del jueves trajo a Villanueva de los Infantes uno de esos conciertos que no se olvidan fácilmente. La cantaora Rocío Luna, nacida en Cañada del Rabadán (Fuente Palmera, Córdoba), una de las voces emergentes más prometedoras del panorama flamenco actual, ofreció un recital íntimo y emocionante en la puerta norte de la iglesia, un enclave singular que, bajo las estrellas, se convirtió en el escenario perfecto para la hondura del cante.
Acompañada por el guitarrista Francis Gómez, Luna desplegó un repertorio lleno de matices y emoción, en el que cada palo fue una historia y cada letra, un pequeño acto de entrega. El concierto se abrió con un fandango lleno de temple, seguido por una granaína dedicada a las madres que caló hondo entre el público. Más adelante, cantó al amor, con dulzura y desgarro, y también recordó a quienes trabajan en el campo, en una de las intervenciones más sentidas de la noche.
El broche final fue una canción de agradecimiento dirigida al público presente, como cierre sincero a una actuación construida desde la cercanía. Rocío Luna no solo cantó: habló con el público, lo miró y lo emocionó. Supo llenar el espacio sin artificio, solo con el poder de su voz y el toque preciso de Francis Gómez.
La velada reunió a un público diverso, gente de todas las edades, que supo escuchar y responder con respeto y entusiasmo. En ese rincón especial, junto a los muros de la iglesia de San Andrés, el flamenco encontró el espacio y el silencio que necesitaba para brillar.
Con apenas 7 años se subió por primera vez a un escenario, y desde entonces su vínculo con el flamenco ha sido total. A los 10 años ganó su primer concurso, y en 2023 se alzó con la prestigiosa Lámpara Minera en el Concurso Internacional del Cante de las Minas, uno de los reconocimientos más importantes del género.
Con este recital, el Festival InfantesMúsica volvió a demostrar su compromiso con la diversidad artística y con la calidad. Flamenco sin artificios, directo al corazón.
Y, para finalizar, una reflexión: A veces basta una voz que se abra paso entre las piedras para que todo lo demás se detenga. Anoche ocurrió. Y quienes ahí estuvieron, lo saben.