Yamandú Costa cierra InfantesMúsica 2025 con una ovación de siete cuerdas

La última noche del festival InfantesMúsica 2025 no fue solo un cierre de programación, fue un encuentro íntimo entre un músico y un pueblo. El Claustro del Convento de Santo Domingo, iluminado con luces cálidas, se llenó hasta el último asiento para recibir a Yamandú Costa, el guitarrista brasileño que llegó con su inseparable guitarra de siete cuerdas y la promesa de un viaje musical.

 

Antes de que sonara la primera nota, Lorenzo Moya, director del festival, tomó la palabra. Con voz emocionada agradeció el trabajo de técnicos, voluntarios y patrocinadores, pero también al público que, como dijo, “ha dado sentido a cada concierto de esta edición”. El aplauso fue largo, como si todos compartieran ese orgullo de haber construido juntos el festival.

 

Costa entró con paso tranquilo, saludó con una leve inclinación y se sentó. No hizo falta presentación: un par de acordes bastaron para atrapar al público. Lo que siguió fue un recorrido que mezcló choro, bossa nova, tango y milonga, con momentos de improvisación en los que parecía inventar caminos nuevos sobre la marcha.

 

La afinación grave de la séptima cuerda le daba un peso especial a las piezas, como si hubiera un contrabajo escondido en su guitarra. En las partes más suaves, el sonido era casi un susurro, y en las más rápidas, las manos se le movían como ráfagas. Hubo instantes en los que el silencio de la sala se podía sentir, roto solo por el roce de los dedos sobre las cuerdas.

 

Tras más de una hora de concierto, cerró con una pieza vibrante, llena de acordes graves y armónicos claros. La respuesta fue inmediata: el público de pie, aplaudiendo con fuerza y entusiasmo. Yamandú sonrió, llevó la mano al corazón y se despidió con un gesto que decía tanto como su música.

 

InfantesMúsica bajó el telón de 2025 con una noche que difícilmente se repetirá igual: la de un maestro que no solo tocó para un claustro, sino para una comunidad entera que lo escuchó como si fuera suyo.